La Colección de ArteAlfa

todo sobre el coleccionismo de Tintin

Cuando Bélgica es ocupada por el Tercer Reich, en mayo de 1940, el periódico Le XXème Siècle es cerrado, y lógicamente también lo es Le Petit Vingtième el suplemento donde Hergé publicaba sus historias. Hergé es llamado para continuar su trabajo en el diario Le Soir y el 17 de octubre de ese mismo año se publica el primer número de Le Soir Jeunesse que incluye una historia de Tintín, la historia sería El Cangrejo de las Pinzas de Oro y ese primer número lo podéis ver en la foto que adjunto.

Lo curioso del tema es que, debido a la guerra, el papel era un producto realmente escaso y Le Soir tiene que reducir notablemente el número de páginas y de suplementos, y desde septiembre de 1941, Tintín quedaría reducido a una tira diaria de 17×4 cm. en el interior del periódico. También podéis ver ese formato en la foto de abajo. Al reducir la publicación a dicha tira, Hergé tuvo más tiempo para pensar nuevas historias y aquí nacieron los “álbumes de evasión”, evitando cualquier mención a la situación de guerra.

A su vez Casterman también notó la escasez de papel y decidieron reducir sus álbumes de Tintín de las aproximadas 130 páginas a las 62 que ahora conocemos. Este cambio decisivo en la obra de Hergé, que le obligó a ser más preciso aún con sus narraciones, culminaría años más tarde con sus mejores obras maestras.

Podríamos decir que en estos viejos periódicos el genio despegó definitivamente.

Estreno este blog hablando de las piezas de mi colección que más trabajo y más tiempo he empleado hasta hacerme con ellas.

En 1952 la editorial Casterman se planteó  la posibilidad de ampliar mercado fuera del franco-belga. Para la ocasión se hicieron unas tiradas especiales de “El secreto del Unicornio” y de “El tesoro de Rackham El Rojo”, en francés, inglés, alemán y español.

Estas ediciones son conocidas mundialmente como las ediciones “del medallón”, debido al curioso óvalo que envuelve el nombre de Tintín.

Las ediciones del “medallón” supusieron la primera incursión en castellano de nuestro héroe. Para esta traducción, Casterman le encargó el trabajo a un hispanista que no estuvo demasiado acertado, como por ejemplo el famoso “ola” sin “h” de la primera página del tesoro, del que ya habló Pedro Rey en su blog.

Estos dos álbumes son auténticas joyas para los coleccionistas, y encontrarlos en este estado de conservación es muy complicado.